Estando en Inglaterra me ha tocado vivir en vivo y en directo el revuelo ocasionado por el estreno de la película Anonymous, de Roland Emmerich. A sabiendas de que la película transcurría en época isabelina, decidí esperar a estar en España para verla con subtítulos. Desafortunadamente cuando llegué a Madrid ya la habían sacado de cartelera, luego vino la crisis de Megaupload y cuando ya perdía toda esperanza y ambición de verla un Torrent fue benévolo y la trajo hasta mí.
Para quienes no lo sepan aún, Anonymous plantea una interpretación alternativa de la autoría de las obras de Shakespeare y de la propia historia de Inglaterra: que Shakespeare no fue en realidad quien escribió las obras que se le atribuyen y que una rabieta de Ben Jonson llevó a su fin a la dinastía de los Tudor. Comencemos diciendo que cuestionar la autoría no es algo nuevo: desde el Siglo XIX venimos escuchando que el verdadero escritor de lo que denominamos "obra shakespeareana" podría ser Francis Bacon o Eduard de Vere (XVII Conde de Oxford y personaje principal de Anonymous) o Christopher Marlowe, etc. Conociendo la historia del descreimiento autoral uno se pregunta entonces ¿por qué armar tanto revuelo por una película?
Después de verla me quedo con la impresión de que Emmerich parece muy decidido a polemizar más allá de la argumentación histórica. No se trata únicamente de la exaltación de la figura de Eduard de Vere el cuál puede, por qué no, haber sido un hombre de letras brillante, encantador con las damas, desastroso en la administración. La película nos muestra también a un William Shakespeare deleznable: analfabeta, pueril, poco realista, oportunista, chantajista, alcohólico, frecuentador de prostitutas e individuo con muy pocas luces. Me da la impresión de que Emmerich quisiera apelar al resentimiento que muchos guardan hacia los clásicos, hacia la literatura, hacia la educación misma. Cuántas veces no fuimos obligados en la escuela a leer a los autores clásicos y les cogimos tanta mala voluntad que anhelábamos verlos ridiculizados, a manera de venganza por el ridículo que ellos nos hicieron pasar al poner en evidencia nuestra poca capacidad de comprensión. Tengo la idea de que el Shakespeare de Emmerich es el rostro de dicho resentimiento.
Dos meses antes del estreno en Inglaterra de Anonymous, el Shakespeare Birthplace Trust presentó su proyecto "60 minutos con Shakespeare"(1) el cual consiste en 60 preguntas en torno a la controversia de la autoría, respondidas en 1 minuto por 60 figuras como el Príncipe Carlos, Stephen Fry (a este tuvieron que darle 5 minutos porque, seamos honestos, el hombre es encantador pero se enrolla como una persiana), algunos de los estudiosos de Shakespeare más importantes en el mundo como Stanley Wells, Paul Edmondson, Michael Dobson, una buena pléyade de profesores de la Universidad de Oxford, actores, directores y hasta el mismísimo Roland Emmerich. "60 minutos con Shakespeare", al igual que el libro "Shakespeare Bites Back: Not So Anonymous" (del cual les hablaré en otra entrada porque realmente merece la pena comentarlo) es un proyecto bastante accesible para el público en general y sobre todo orientado hacia los educadores a nivel secundaria, quienes seguramente habrán tenido que resolver a las dudas que surgieron tanto en alumnos como en padres después del estreno de Anonymous.
Debo decir que las muestras de indignación y la cantidad de tweets que corrieron por la twiteósfera desgarrándose las vestiduras por el atrevimiento de Emmerich, me parecieron un poco exagerados. Luego pensé ¿Qué pasaría si en vez de ser Shakespeare hubiese sido Cervantes? ¿Nos quedaríamos callados si alguien osase a decir que Don Miguel no escribió el Quijote? Claro está, con la literatura universal existe un fenómeno de apropiación que muchas veces nos lleva a olvidar nacionalidades y biografías. Hay autores tan extranjeros como podría ser Dostoievski pero a pesar de ello los sentimos muy próximos, como si fueran de nuestra familia. Sin embargo Cervantes ocupa un lugar especial para los hispanohablantes porque nos ha enseñado qué tan lejos puede llegar nuestra lengua y la imaginación surgida de la experiencia cultural que nosotros también hemos vivido. De la misma manera Shakespeare nos enseña cuán rico puede llegar a ser el idioma inglés en su vocabulario, en su sonoridad, en su capacidad metafórica y como vehículo de exploración del alma humana.
Emmerich da mucha importancia al hecho de que un pueblerino como Shakespeare no puede haber tenido acceso a la educación necesaria para poder escribir las obras, educación que sí tuvo Eduard de Vere, además de poseer un talento nato. Algunas cosas que descubrimos en "60 minutos con Shakespeare" es que aunque no fue a la universidad sí debió haber asistido a la escuela de gramática de su pueblo, la cual era gratuita y entre sus lecturas básicas estaban Ovidio, Plutarco y Montaigne, autores de gran influencia en su obra, además de que, al contrario de lo que se puede creer, los libros no eran un recurso inaccesible en la época y de hecho constituían una forma de esparcimiento. Decir por tanto que un hombre no puede ser el más grande genio de la literatura inglesa solamente porque tuvo una educación modesta (como la que hemos tenido la mayoría de nosotros) y provenía de un pueblito, me parece que no tiene mucho sentido. Y no puedo evitar sentirlo como algo personal, como algo que afecta a todos los que venimos de la provincia, de países del tercer mundo, de sistemas de enseñanza modestos... ¿Entonces nosotros tampoco podríamos aspirar a dejar nuestra huella en el mundo?
(1) Esta página pueden consultarla en http://60-minutes.bloggingshakespeare.com desafortunadamente sólo está en inglés, pero las grabaciones vienen acompañadas de una transcripción, con lo cual su comprensión resulta mucho más fácil para quien posee un conocimiento a nivel intermedio de la lengua. El proyecto me ha parecido muy interesante, intentaré irles contando un poco más de él en futuras entradas.
Shakespeare y el mundo hispánico. Porque sus cosas también nos pasan en español.
lunes, 30 de enero de 2012
lunes, 24 de octubre de 2011
Pásele don Guillermo, está en su casa
Suponía que, al igual que Cervantes en el mundo hispano, William Shakespeare sería en su tierra objeto/modelo de veneración. Pero hasta que no vine a pasar una temporada en Inglaterra no me di cuenta de la forma en que Shakespeare impregna la cultura anglófona, cuántos investigadores se consagran al estudio de todos los temas que de él se puedan desprender, cuántos estantes de la Bodleian Library (o salas de lectura) podrían llenarse si todos los libros sobre Shakespeare que dicha biblioteca guarda se agruparan en un mismo sitio y cuántos autores reescriben sus historias. De pronto voy caminando por las calles de Oxford y encuentro un cartel que dice algo así como: "Aquí había una venta en la que una vez William Shakespeare se alojó cuando iba de camino a Londres".
No me extraña en absoluto que Inglaterra defienda la figura de Shakespeare más allá de su valor literario, transformándolo en uno de sus bienes culturales más preciados. Parece ser que las transformaciones lingüísticas del inglés han hecho más difícil para las nuevas generaciones el acceso a los textos de Shakespeare, tal vez todavía más complicado para los norteamericanos, y aquí el sistema redobla esfuerzos, traduciendo del inglés al inglés, motivando la mejora de los materiales didácticos: por ejemplo, la Royal Shakespeare Company ofrece versiones en comic de las principales obras, ediciones que debo decir como amante de los comics, están muy cuidadas, casi como cualquier edición de Marvel o DC.
El mes pasado estuve en un congreso de literatura donde se analizaba la influencia de la obra de Shakespeare en la poesía. De pronto aparecieron un puñado de poetas europeos y latinoamericanos (se echaron de menos a los asiáticos y los africanos) que en sus propias lenguas, poéticas y contextos reflejaron a través de su poesía interpretaciones de la obra shakespeareana que por si misma la crítica británica no hubiera alcanzado. Esto me ha llevado a pensar que, aunque mucho se ha dicho de Shakespeare, aún no se ha dicho todo. Visto desde nuestras diversas latitudes ciertas metáforas, ciertas imágenes adquieren un significado distinto, tal como lo demostró la crítica postcolonialista analizando las relaciones de poder que el canon inglés ha establecido con sus ex-colonias.
¿A qué edad conocimos a Shakespeare quienes venimos de sistemas educativos latinoamericanos o españoles? Quien tuvo suerte le conoció en la secundaria, cuando algún profesor pensó en encarrilar la recién despertada energía vital de los adolescentes haciéndolos representar Romeo y Julieta. En mi caso fue más tarde, tenía 18 años cuando leí Hamlet y estoy convencida de que mi experiencia fue totalmente distinta a la del estudiante anglófono. Puede que la mayoría de los hispanohablantes no sepan de qué va Hamlet pero el argumento de Romeo y Julieta está metido hasta lo más profundo de nuestros huesos, nos entra por el cine, la televisión, las versiones paródicas, la música, la pintura... conocemos a Shakespeare incluso sin saberlo, en ocasiones nos acercamos a él con una idea formada a partir del "boca a boca" e incluso a veces con la mente en blanco y libre de prejuicios.
Mientras que el mundo anglófono se desborda en crítica, al mundo hispano le faltan espacios para poder hablar de Shakespeare, de SU Shakespeare, con puntos de vista que en otro lugar no se formarían. Probablemente hace 50 años no hubiéramos podido hacerlo por la falta de traducciones, ahora ya no hay pretexto. Además de las españolas, del Instituto Shakespeare (que es una de mis favoritas), están también las argentinas, las mexicanas y sin conocerlas sé que las habrá en Colombia, las habrá chicanas. Estoy convencida de que Shakespeare no es patrimonio de los británicos, es patrimonio de todos los que queramos apropiarnos de él. Es por eso que he decidido abrir este blog para poder discutir manifestaciones concretas de dicha apropiación en la cultura hispánica: hablar de los montajes de sus obras, sus traducciones si mi incipiente inglés me lo permite, las adaptaciones teatrales y cinematográficas, nuestro particular punto de vista sobre discusiones académicas como el problema de la autoría. En fin, que me gustaría motivarlos a pensar que Shakespeare es de todos y todos tenemos algo que decir. Confío en poder tener una entrada nueva cada semana y si tienen alguna idea, algo de lo que les gustaría que se hablara por favor háganmelo saber. Sé que será un viaje apasionante.
¿A qué edad conocimos a Shakespeare quienes venimos de sistemas educativos latinoamericanos o españoles? Quien tuvo suerte le conoció en la secundaria, cuando algún profesor pensó en encarrilar la recién despertada energía vital de los adolescentes haciéndolos representar Romeo y Julieta. En mi caso fue más tarde, tenía 18 años cuando leí Hamlet y estoy convencida de que mi experiencia fue totalmente distinta a la del estudiante anglófono. Puede que la mayoría de los hispanohablantes no sepan de qué va Hamlet pero el argumento de Romeo y Julieta está metido hasta lo más profundo de nuestros huesos, nos entra por el cine, la televisión, las versiones paródicas, la música, la pintura... conocemos a Shakespeare incluso sin saberlo, en ocasiones nos acercamos a él con una idea formada a partir del "boca a boca" e incluso a veces con la mente en blanco y libre de prejuicios.
Mientras que el mundo anglófono se desborda en crítica, al mundo hispano le faltan espacios para poder hablar de Shakespeare, de SU Shakespeare, con puntos de vista que en otro lugar no se formarían. Probablemente hace 50 años no hubiéramos podido hacerlo por la falta de traducciones, ahora ya no hay pretexto. Además de las españolas, del Instituto Shakespeare (que es una de mis favoritas), están también las argentinas, las mexicanas y sin conocerlas sé que las habrá en Colombia, las habrá chicanas. Estoy convencida de que Shakespeare no es patrimonio de los británicos, es patrimonio de todos los que queramos apropiarnos de él. Es por eso que he decidido abrir este blog para poder discutir manifestaciones concretas de dicha apropiación en la cultura hispánica: hablar de los montajes de sus obras, sus traducciones si mi incipiente inglés me lo permite, las adaptaciones teatrales y cinematográficas, nuestro particular punto de vista sobre discusiones académicas como el problema de la autoría. En fin, que me gustaría motivarlos a pensar que Shakespeare es de todos y todos tenemos algo que decir. Confío en poder tener una entrada nueva cada semana y si tienen alguna idea, algo de lo que les gustaría que se hablara por favor háganmelo saber. Sé que será un viaje apasionante.
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